La pesadilla de la marmota
por Fabrizio Mejía Madrid
Día de elecciones presidenciales. Estuve tirado en la cama sin hacer durante veinte horas, viendo televisión con una libreta en la mano. Así de ingrato es el trabajo del cronista. Sin papas ni cerveza, porque las autoridades de este país, tan avanzado democráticamente, siguen pensando que los ciudadanos incendiamos casillas con lo que nos resta de brandy Presidente. Vi el triste espectáculo televisivo de lo que no es entretenido: señores y señoras votando, filas, sonrisas de candidatos, despropósitos de la gente que habla en la tele: "Las nubes agendaron su cita con la Fiesta de la Democracia." Creo que en una parte me quedé dormido.

Fue el telefonazo de Juan Villoro el que me despertó. Eran pasadas las seis de la tarde. Si bien entendí, un gerente de un hotel donde se guarecía un equipo de campaña estaba preocupado. Un empate parecía lo que se avecinaba. Era posible, aunque impensable. Posible porque los "punteros" de las encuestas, prd y pan, lo fueron, al final, del "margen de error". Impensable porque López Obrador había salido victorioso de todas: a la dirigencia de su partido, al gobierno del df, al desafuero. Y también porque Felipe Calderón, animadísimo, como si condujera un programa de concursos había dicho: "Voy a garantizar la estabilidad económica para que sigan bajando las tasas de interés para que puedas renovar tu cocina." Era el líder del Programa de Oportunidades Pro-Mandil, 2006-2012. No way, no güey.

Llamé a mi diputado de oposición predilecto, entre otras razones, porque es el único que conozco, y me confirmó sus encuestas de salida: "De siete que tengo, en cuatro vamos arriba por menos de dos puntos, y en tres abajo por menos de uno." Agregó sin que yo le preguntara (de hecho no pude hablar, trabado por la sorpresa): "Una televisora ya decidió no dar a conocer sus propias encuestas de salida." El regreso telefónico con Villoro sólo sirvió para la angustia que disfrazamos de profesionalismo: "¿Y ahora que vamos a escribir?" En verdad era por lo que le esperaba a un país que siempre cree que el espejo en el que se mira está roto, pero que esta vez se sabía partido él mismo.

Entré en el periodo de negación. ¿Cómo Calderón? ¿Si había dicho: "En primer lugar voy a impulsar fuertemente el deporte; si queremos reducir la inseguridad"? Era el del Programa Oportunidades-Extenuando a los Rateros 2006-2012.

Volví a la televisión sólo para verificar, a las ocho y a las once de la noche, que nadie sabía nada, ni el ife. Una comida, dos meses antes, se revolvió sobre mi cabeza: Ugalde, el Presidente del ife, nos dice a un grupo de gente que escribe o dibuja: "El peor escenario para la institución es que gane Calderón por poco. El menos complicado es si gana López Obrador por más de cinco puntos." Estábamos en el peor. A eso habíamos llegado. La ley de Ugalde era la de Murphy. Las matemáticas fallaban hoy, cuando hace seis años, las "variaciones Woldenberg" habían sido perfectas. De todos modos había que escribir y me acosté con la idea de una pesadilla. Es una película de Bill Murray en la que todos los días son el mismo día. Una marmota predice el clima de todo ese año, pero siempre es el mismo, a tal grado que el personaje de Murray sabe en qué momento evitar un accidente o predecir los gustos de una mujer a la que quiere ligarse.

No hay muchas elecciones de donde elegir en el imaginario colectivo. Una es la de 1988, la del fraude, los costales de boletas quemadas a favor de la izquierda en las carreteras, el grito de repudio total al, en fin. La otra es la del 2000, sosegada, con la cara de Zedillo reconociendo la derrota del pri, al grito de voto útil, en fin. Los votantes de López Obrador transitaron con agilidad a una versión del primer supuesto. Los de Calderón, a una copia del segundo. ¿Qué país somos realmente?
¿1988 vs 2000?
El miércoles siguiente a la elección, una cena termina en torno a la televisión. Es el cómputo de los trescientos distritos electorales del país. Parece el hipódromo: el del pan va alcanzando minuto a minuto al del prd. Ningún locutor se atreve a pensar que ésa no es la oscilación de un conteo. Nada se comporta así más que la capacidad respiratoria de un senador de la República. Entre los comensales hay desánimo, algo de coraje, ganas de empujar el Tafil con un poco de whiskey y convertirse en la Marilyn Altiplana. Por cero punto cinco puntos, Calderón ganaba la elección.

De regreso a la cama que seguía sin hacer desde el domingo volví a la idea de una pesadilla donde el día siguiente es el mismo que el de ayer. 1988 o 2000 dan exactamente lo mismo en las fallidas matemáticas del país del "margen de error". Repetiremos la exclusión de la mitad del país o la era de las frivolidades panistas. Son la misma. Y la marmota seguirá prediciendo el clima. ~

No hay comentarios.:
Publicar un comentario