Nuestra habilidad de aceptar al otro es nula. El otro siempre será "el otro", aquél que en cualquier momento, en cuanto le demos la espalda, puede sacar el puñal y quitarnos de en medio de su camino. La solución parecería simple: si tan sólo concibiéramos que nuestra supervivencia depende tanto de la de él como la nuestra, sería poco racional eliminarle. Y es que no sabemos si de su existencia dependa el surgimiento de algún mejora significativa en nuestro nivel de vida o algún momento crucial en nuestra existencia. Pero si esto pudiera aplicarse indiscriminadamente no podríamos tolerar que nadie muriera, que ninguna información genética desapareciera. Y ello sería tan desastrozo como lo que presenciamos en la actualidad. Seamos honestos, sabemos que el planeta no podrá soportar toda esa carga poblacional en el largo plazo...
yagunzhe
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