Afoot and light-hearted I take to the open road,
Healthy, free, the world before me,
The long brown path before me leading wherever I choose.
Henceforth I ask not good-fortune,
I myself am good-fortune,
Henceforth I whimper no more, postpone no more, need nothing,
Done with indoor complaints, libraries, querulous criticisms,
Strong and content I travel the open road.

WW

22.5.06


Esta vez he decidido jugar un juego diferente. La luz entra en mi cabeza desde miles de perspectivas tan distintas, y mi disciplina es tan limitada, que el camino siempre parece más difuso de lo que es en realidad. La pregunta ha dejado de ser, ¿cuál es el camino?, y se ha tornado, ¿tienes la fuerza para seguir en él? Ya no necesitaré más metas, ni destino ni normas a seguir. El horizonte se me presenta como un estado de tranquilidad total en el cual debo aprender a no sucumbir, en el cual debo aprender a esforzarme en todos los ámbitos de mi vida a fin de llegar al anhelado equilibrio que me permita seguir, dar un siguiente paso sin temor ni dudas. Mis demonios me llaman a avanzar, mis ángeles me llaman a avanzar; pero mi alma, lo más profundo de mi alma, la que me ha enseñado el verdadero camino, sólo me insta a tranquilizarme y actuar tan “bien” como pueda. No hay caminos predefinidos, y eso es algo que me tomará mucho tiempo aprender. La idea del fin último, de los propósitos, es un obstáculo más que deberé superar. La tenue diferencia que en mi pensamiento existe entre el bienestar material y espiritual –algo tan común en nuestros tiempos– me retiene, me hace desear más de este mundo, y elegir un camino maniqueo, insípido, de sufrimiento y gozo intermitentes que sólo me aleja de la verdadera espiritualidad. Aprender a ser un huracán, un estabilizador activo de las fuerzas naturales, que no es ni bueno, ni malo, sino sólo un elemento necesario de la dinámica universal, es mi modelo. Ser como una estrella, un inmenso mar de fuego que transforma a la materia en su más íntima esencia. Ser como una roca, eterna y tranquila –que aun cuando cambia día a día, se muestra a los ojos del ingenuo como algo inactivo y pasivo–, que ha aprendido a mantenerse en su posición en el todo.

Eso es lo que quiero ser. Ése es el camino que he de seguir. Ya no temeré, ya no creeré que la naturaleza me abruma o me bendice. Todo tiene un porqué, más no una razón. El mismo ser humano, por más gozoso o miserable que sea, se reduce a un ingenuo si no sabe comprender que el mundo no ha sido para cambiar a nuestro beneficio, sino para darnos un camino que seguir en nuestra ascensión al todo universal, la energía pura, aquella a la que podemos ir gracias a nuestra alma, su gran fábrica.

Pero las dudas aún me acosan. Sería fácil decidir ir por este camino sin preguntarse más, y mi obsesión terrenal me hace cuestionarme aún más. ¿Es esta energía a lo último a lo que aspiramos, no será sólo esto sólo un disfraz más para nuestro deseo material de ser “más”? La respuesta de los maestros antiguos es “no, ya que éste es un estado superior en el cual eres más, pero renuncias a ser, dejas de ser con tal de aumentar la energía universal”. Y aunque esa respuesta satisface por ahora mi espíritu, no es aún capaz de acallar mi alma –quizás aún obnubilada por el desasosiego material-. Y si mi alma, que me ha llevado a esta nueva puerta, a este nuevo estado de conciencia me exige aún resolver esta duda, ¿no sería acaso conveniente no sucumbir a la duda y seguir entregado a ella a fin de realmente satisfacerla? ¿Será acaso que es sólo una falta de sabiduría lo que no me permite estar tranquilo una vez que he visto esta luz? ¿Será que aún no estoy preparado para esto?

Mi ser clama por esta tranquilidad, pero mi profunda necesidad por lo material me retiene, y me hace sentir segundo a segundo que mi sabiduría es tan limitada como mi conocimiento del todo. Sin embargo, ¿es esa mi falta, es que acaso pudo hacer algo, como humano, como ente limitado a los designios universales, para poder superar esta carencia? No importa cuanto me esfuerce… No creo que ése sea mi destino. Pero, ¡oh, cómo he caído de nuevo en esta trampa! Siempre que me siento a punto de estar por completo liberado de mis ambiciones materiales, caigo de nuevo entre sus garras, y me apresan, y me asfixian hasta hacerme delirar. Pero una vez que he visto el horizonte, no puedo decirle que no a esta gran batalla. Al menos ahora cuento con las herramientas para poder discernir. He de esforzarme y mantener mi deseo por la sabiduría a fin de no aprender a mantener el equilibrio de mi alma y mi cuerpo. Unamos nuestros esfuerzos. Es corto el tiempo que nos queda. Y es momento de no sucumbir más. El camino se vislumbra largo, pero nuestra determinación es poderosa. El equilibrio no es lejano, hay que alcanzarlo y mantenerle.

Yejuat nito teotl

yagunzhe

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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