Ese día, antes de dormir, escribí una nota que te dejaría la mañana siguiente... No era la gran cosa, pero pensé que sería un detalle el obligarte a entender algo que habría escrito con mi propio puño... El texto no abundaba en nada..., quizá sólo sean memorables dos frases "...hubiera querido decirte esto en persona, sin embargo no he querido despertarte..., agradezco tu hospitalidad, pero no creo regresar esta noche, ... la atmósfera está vacía..., silente y vacía, apaga el alma como el frío de invierno la llama de una vela..., ¡tan lejano te he sentido esta vez, tan lejano te he querido poner tras este tiempo...!", y la otra, más conciliadora: "...siempre me he sentido cercano a ti, a pesar de lo poco que hemos compartido. Aprecio tu amistad, y más el que haya logrado sobrevivir a tan largos periodos de incomunicación. Me gustaría que siguiera así, me gustaría que sigamos siendo amigos."
No obstante, todo lo que pasó después..., tu "¿me aceptas ahí?", mi pasivo "claro", nuestro inexpresivo acercamiento, la falta de comunicación, tu 'los traigo, por si acaso los pide..., pero como no los pide no los usaremos', mi '¡ja,trajo condones..., damn!, ¿me preguntará, debo yo y sólo yo pedirlos?, quiero..., debo, pero no lo haré', nuestro implícito acuerdo de indolencia.
Pero los asuntos no se arreglan así.
Supongo nunca dimos pie a, si siquiera, una corta charla de lo que pasaba. Cuando hace tiempo te envíe los textos que había escrito sobre ti intenté plantear las cosas que me molestaban, y lo hice de la forma qué consideré menos agresiva pero firme. Sin embargo, tú no eres de los que permiten a los demás hurgar en tu interior, y esa charla simplemente nunca hubiera tenido lugar. Supongo eso es lo que me atraía de ti. Tu amable hermetismo. Lo que me preocupa es que esté confundiendo al hermetismo con la lejanía propia de alguien con quien en realidad no has compartido 'gran cosa'. Eso lo temo, y lo tendré que asimilar sin tu ayuda..., pero ya estoy acostumbrado.
Ahora ya estoy viviendo en Cuernavaca, con un amigo en un departamento muy cercano a donde estamos trabajando. Él, "heterosexual", está teniendo una aventura con un tipo casado que si bien no tiene mucho en común con la nuestra, me ha hecho reflexionar en mucho de lo que ha sucedido entre nosotros. En él veo la llama de la emoción que le embarga cada vez que lo va a ver..., una emoción que me solía invadir cada vez que emprendía el viaje desde Santa Fe hasta Coapa para verte hace dos o tres años... Pero con el tiempo, esa emoción, casi angustia, ha decrecido hasta el punto en que tu inexpresivo rostro me agobia antes que alegrarme o si quiera tranquilizarme. Supongo algo así puede pasar por tu mente pero no lo has dicho. El sexo me incomoda y resulta tanto menos placentero que visitarte. Tu otrora seguro y tranquilo apartamento se ha vuelto un nido de histerias sin sentido, y de huecos incomprendidos en tu conducta que me ponen intranquilo y me angustian cuando estuve ahí. Lo primero es nuevo, quizá en este tiempo me he vuelto menos comprensivo, pero lo segundo es producto de un proceso gradual de temor e inseguridad que no debería existir. Temí que al ir contigo nuevamente no usaría condón, y tal como lo temí sucedió. Por eso quise penetrarte. Quise sentir que al menos esta vez no sería tan complaciente como siempre. Por eso no quise mamártela como otras veces. Lo que antes fue un gesto de cariño sumamente placentero, se tornó una visceral y estúpida lucha de dominio... "no haré esto sólo porque tú lo quieres". ¡Qué ridículo, ¿no crees?! Pero así lo sentí. Y supongo esa es la razón por la que esto no había estado funcionando hace tiempo. Lo de esta última vez fue sólo el réquiem mediocre a una melodía que no sabíamos ya cómo debía terminar.
Me esfuerzo por comprender qué sucede, y porqué. Pero no creo que hallando modelos causales a nuestra conducta algo cambiaría. Quizá aventuro mucho en tono fatalista.
Éste no es un 'adiós', ni mucho menos. Creo que, al menos para mí, es el fin 'lógico' de un ciclo de dudas y temores que por inexperiencia e inseguridad no pude afrontar directamente, y que tú nunca quisiste ver. Ahora tenemos lo que tenemos, y aunque algo loco, me complace por fin poder decirlo. Lo había pensado ya tantas veces que el sólo recordarte me producía una vaga sensación de impotencia que me enfadaba. Me gustaría saber qué es lo que piensas, me gustaría saber qué es lo que tú ves. Si bien por un lado el relativo desconocimiento de tu persona me generaba seguridad -no hay necesidad de comprometerse con lo que no se conoce-, también es un hueco que a la larga se convierte en un vacía inmenso que muy dificilmente se puede soportar. Quiero ser tu amigo, pero el camino que nos falta por recorrer para ello es aún largo.
"Lamento no haber despertado para darte siquiera algo de desayunar o al menos darte un beso de despedida."
Yo sí te lo di, ¿no recuerdas?
"Me siento mal al haber dormido juntos y tener sexo sin más explicaciones."
No eres culpable por ser tú, por ser nosotros. Tú no las diste, yo no las pedi.
"Esa noche ya no pudiste venir y me hubiera gustado platicar contigo, no sólo haber dormido juntos."
Nunca tuve la intención de regresar. Era algo que tenía que hacer. Lamento no haberte dado oportunidad de decir cosa alguna, pero supongo haberlo pedido en ese momento hubiera sido desastrozo.
Me despido por ahora, agradezco tu comunicación.
Victor
yagunzhe
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