Mientras los clasemedieros disfrutan de la gran vida cultural que OCESA les ofrece a módicos precios de Europa, los académicos se desgarran entre sí para repartirse los fondos públicos e internacionales para el estudio de los males sociales, y los políticos se ríen desvergonzadamente de ellos mismos (¿sabrán acaso que, sin importar lo quepase, ellos tienen su hueso?), la crisis estructural de América Latina sigue latente, esperando el siempre anhelado milagro que la lleve a los brazos del desarrollo "à la gringa".
Pero la realidad se antepone a nuestros ojos miopes. Es fácil hacer caso omiso de las estadísticas (buitres que analizan instante a instante la descomposición del moribundo), y quizá en algún tiempo fue menos fácil permanecer incólumne frente a los niños que piden un trozo de pan por la calle. Pero nuestra cultura citadino-tercermundista, de arrogancia y secesión, nos ha hecho ser insensibles incluso ante las tragedias cotidianas... "¡Son tantas, para qué acongojarse de ello, mejor pongamos sendas rejas a nuestras calles, oficinas y lugares de esparcimiento (malls) para evitar verlos..., manden a toda esa gente "al otro lado" para que allí sí trabajen, dénles dos pesos para que no me vengan a importunar a mi pequeño mundo de fantasía y ensueños gringos (VIP)...!", sí, ésa parece ser la proclama de tantos y tantos núcleos de la población favorecida que prefiere debatir sobre si el di Caprio será el gran perdedor de la siguiente entrega de los óscares, a reflexionar un poco sobre cómo cada día sus decisiones de consumo, trabajo y esparcimiento pueden reproducir el ciclo de la pobreza.
No los culpo (comprendo que a veces es más fácil soñar un poco que embarrarse las manos con la mierda de la sociedad, tan apestosa e inmensa), pero tampoco los eximo. Al fin y al cabo, soy tan parte de ellos como cualquiera de ustedes. Todo esto viene a colación de un artículo sobre cómo poco a poco las clases pudientes de la Argentina (las que controlan los medios de comunicación), han perdido el interés en los trastornos que la crisis económica ha generado en su población. No me resulta extraño, al comparar con lo sucedido en México, donde los medios masivos nunca han tenido gran interés en generar reflexión yanálisis entre sus receptores. Y éstos tampoco lo demandan. Pero independientemente de cuánto nos esforcemos por olvidar, los rezagos están ahí. La vulnerabilidad está ahí. La pregunta se torna "¿por cuánto tiempo la podremos ocultar?"
yagunzhe
No hay comentarios.:
Publicar un comentario