Nadie engaña a nadie.
Tú has cedido
—un poco, sólo un poco—
y a mí te acercas.
No he alcanzado a ver la luz en tu mirada
ni la timidez de tu sonrisa.
Mucho menos he logrado atisbar
el perfil de tu semblante.
Aunque los imagino
y me deleito con las sombras de ellos
que brotan, gota a gota, de tus palabras...
Son sólo ideas, ilusiones tergiversadas
por mis desvíos, prejuicios y deseos,
no son tú, es lo que tengo.
Tú eres carne y eres idea,
eres figura y eres marea...
Ansío conocer y entender las penas
que tu alma con tanto ahínco encierra
(pues no eres azar,
sino sinfonía que se aleja),
aunque mientras más me acerco,
más me alejas...
Y mi mente desespera
y alejarse anhela,
pues tan cansada ya se encuentra
que sufrir más ya no desea.
Y tú, incólume, te niegas y te niegas,
acaso crees que la distancia
es la que tu cordura alberga,
—o, quizás, es que una pena más ya no toleras.
¿Qué es eso que de mí te aleja?
¿Qué de mis maneras tanta suspicacia crea?
Me he acercado, franco y sin reservas,
te he mostrado al yo más ajado,
sus manías y recovecos,
sus pavores y desaciertos...
Si ellos son quienes te ahuyentan,
haces bien, son mi reflejo.
Mas, si fuera otro aspecto,
ojalá algún día entendieras,
que lo he hecho para que supieras
y acercarte a mí resistieras.
Mi corazón, aún dolido,
halló en ti un respiro,
y contra todo aviso,
se ha embelesado contigo.
Y sí, es cierto, aún no tiene idea
de si es cariño o mera ilusión obsesa,
pero tampoco le aconsejas
cómo dejar esas maneras.
¡Por favor, por favor,
mis manías no malentiendas!
Sé que mi ansiedad te desconcierta,
pero comprender trata
la raíz de mis frustraciones:
cada vez que tocarme parecieras
y mis manos trascender anhelan
el espacio aún entre nosotros,
tus reservas y consejas
me alejan con cada vuelta.
Y es ahí donde me temo
que la asíntota ya no converja.
yagunzhe
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