Crees que leyendo tantos libros como antes, conmoviéndote con ellos a tal grado que influyan en tu estado de ánimo, que como antes ver película tras película y escuchar discos completos, que volviendo al encierro y aislamiento voluntarios podrás recuperar el ingenio de antes, con tus palabras dotadas de coherencia dar forma a líneas completas hasta lograr construir un párrafo completo, y luego otro, y otro, consiguiendo una historia. Que buscando reconectar con todo lo que en un momento te inspiró lograrás volver a lo de antes. Pero no puedes volver a lo antes; simplemente no puedes volver a lo de antes porque todo eso que llamas “lo de antes” no se ha ido, sigue aquí, o ahí: los libros, las películas, las canciones por escuchar, la cámara, gente que quieres y te quiere de vuelta. Pero es lo esencial lo que ya no está. La inexperiencia, la ingenuidad, la capacidad de asombro en su máxima capacidad, el primero dolor, la primera decepción aún no ocurrida, la primera pérdida que que significaría tanto, las ausencias voluntarias, la rabia contenida aún en sus celdas, la tristeza sin razón no explicada ni medicada. El primer quiebre.
Ahora. Después. Sólo queda la rutina, los días siguientes, la vida y sus trámites, tú sobrellevando el calendario, continuando con tu vida, aprendiendo a afrontarlo, haciéndote de nuevas maneras para entenderlo todo desde el principio otra vez, ya sin los anhelos pero sí con las resignaciones; los “todo va a estar bien”; los “todo se acomodará”; y el reglamentario “el tiempo ayudará” que uno aprende a decirse a sí mismo porque descubre que es verdad, que tarde o temprano todo toma su curso y las cosas se acomodan por sí solas, el polvo se asienta de nuevo, en un sitio diferente, porque nunca se va sólo cubre otras cosas, y te vuelves a sentir bien con lo que te queda, con lo nuevo, y crearás a partir de entonces una nueva paz que llamarás rutina, una realidad temporal que nos contiene, y que contiene todos esos lugares comunes menospreciados de joven porque te consuelan de verdad y comienza todo a pesar un poco menos, a pesar diferente. Te transformas un poco con cada giro violento, y en cada uno de ellos aprendes una nueva manera de estar bien, de acomodarte, de seguir adelante, como cada persona que te cruzas en el camino, con quien vas hombro a hombro en los camiones, a su manera, nunca la misma.
Marcos Ranz @voyalbarsolo
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