Afoot and light-hearted I take to the open road,
Healthy, free, the world before me,
The long brown path before me leading wherever I choose.
Henceforth I ask not good-fortune,
I myself am good-fortune,
Henceforth I whimper no more, postpone no more, need nothing,
Done with indoor complaints, libraries, querulous criticisms,
Strong and content I travel the open road.

WW

4.5.14

El Profeta

He tenido una buena vida. Aunque nunca tuve hijos, Aiden me llenó de felicidad y buenos momentos. Una felicidad que hemos forjado y consolidado a través de años de luchar y sobrevivir juntos a todo. Nunca nos casamos, pues nunca creímos en la necesidad de tener un papel que nos dijera quiénes somos, pero juntos recorrimos medio mundo: de África a Alaska, de Sudamérica a Corea, de Islandia a Papua… Recuerdo cada lugar por las pequeñas cosas que comíamos en la calle: tacos en México, mofos en Madagascar, fleischkäse en Alemania (¡qué no daría por alguno de esos ahora!)… Los recuerdos de esos olores y sabores se han convertido en vínculos con cada una de esas sociedades y culturas, una forma simple, pero muy efectiva, de sentirme más cerca de toda la gente que ha vivido en esos lugares por tantas generaciones, que han aprendido a vivir de una forma tan distinta, pero a la vez tan cercana a la mía. Esto es por ellos, por todos y cada uno de ellos. Por todos nosotros y las generaciones por venir.

Esta es la lección más importante que aprendí de el profeta… Aunque “aprender” no es la palabra correcta… Desde mucho antes de que él empezara a recorrer el mundo con su mensaje, muy dentro de mí yo ya había entendido esas palabras… Él simplemente logró convertir en una sola voz todos esos pensamientos que todos teníamos, pero nadie había sido capaz de articular. Y él los hizo explotar.
Nos mostró que no estábamos solos y que nunca lo estuvimos. Él nos mostró que somos parte de un flujo interminable de creación y destrucción, de vida y muerte: para que unos vivan, otros deben morir. Una idea simple y brutalmente cierta, pero que en nuestra moderna obsesión con la belleza y el placer sin límite hemos olvidado.

Doy gracias por haber vivido y de haber tenido la oportunidad de ser parte de esta generación en la que finalmente nos decidimos a romper la espiral de degradación que había absorbido a nuestra sociedad. En mi tiempo traté de crear belleza, de transmitir a todos a quienes conocí el calor de toda la gente que tuve la oportunidad de conocer. Estos recuerdos hoy me inundan de amor y si hay lágrimas en mis ojos es por la felicidad de haber vivido.

Hoy no tengo miedo de lo que pasará. Escogimos venir a la playa en la que Aiden pasó su infancia porque, ¿acaso hay una mejor forma de decir adiós a este mundo que mirando de frente al sol y su tibio calor, al mar inmenso, al viento implacable y la arena bajo tus pies? Es casi poético, como un regreso inesperado al vientre de la madre de todos: la Tierra.

Hoy, al amanecer, ya podían verse algunas personas en la playa. Familias disfrutando unos últimos momentos con sus seres queridos: jugando, abrazándose, besándose. Nosotros recorrimos varios kilómetros en silencio, caminando sobre la arena, simplemente tomados de la mano y aferrándonos uno al otro. Ahora son casi las cuatro de la tarde, el aire es un poco frío, pero apacible. Hay unas pocas nubes en el horizonte y algunas personas bañándose, sacándole jugo a las últimas horas con sus seres queridos.

Aunque éste debiera ser un momento de alegría y reconciliación, una atmósfera de tristeza y expectativa lo llena todo. En las noticias ya han aparecido reportes de Japón, Australia y otras islas de Oceanía. Muchos han acudido a playas como nosotros, pero otros han elegido sus casas, hoteles, autos y hasta prostíbulos (todo lugar es bueno para el último adiós).

Sé que muchos no están de acuerdo con lo que estamos haciendo, que nos tildan de fanáticos o dementes. Incluso querrán culpar al profeta, acusándole de lavarnos el cerebro para elegir este final. Pero nunca he estado más lúcida y nunca me he sentido más libre en toda mi vida como en estas últimas horas. Parto con alegría, fortaleza y plena conciencia de que estamos haciendo lo que deseamos. Nuestro sacrificio no es en vano y puede ser un punto de inflexión para garantizar nuestra supervivencia como especie. ¿Qué importa sacrificar unos años de vida para otorgar a las nuevas generaciones la oportunidad de nacer, de conocer el amor, la tristeza y la esperanza? ¿Qué monstruos egoístas seríamos si no pudiéramos hacer este pequeño sacrificio? Seguir esperando a que la avaricia y el hambre de poder que carcomen a nuestras cúpulas políticas otorguen soluciones viables para la crisis en la que hemos sumergido al planeta es mucho más demente. Quizás algunos crean que les hemos dejado ganar, que hemos sido derrotados y estamos simplemente tirando la toalla. Pero si este sacrificio no hace despertar a las generaciones más jóvenes, entonces—como el profeta ha dicho—quizás no valga la pena sobrevivir de todos modos.

Escribo estas últimas palabras, no como una forma de pedir perdón o explicar a nadie mi decisión, sino como evidencia para que las futuras generaciones sepan de todo el amor y esperanza con la cual estamos haciendo esto. Pronto será el atardecer, el momento que elegimos para entregar nuestros cuerpos a la inmensidad. Un amor inmenso y total ha reemplazado todo el miedo que aún quedaba en mi corazón.
No los conozco y nunca les conoceré, pero los amo. Vivan intensamente, libremente y sepan disfrutar y respetar a todos sus congéneres y a la Tierra que nos ha dado la oportunidad de respirar, comer, oler, sentir… Sean generosos y no sigan el ejemplo de esos que proclaman que la avaricia y el despojo son los motores de nuestra sociedad.
Ésta es mi herencia.
Con amor,
Shelley

§§§

Reportes de todo el mundo han confirmado múltiples eventos de suicidios masivos, principalmente de personas de 60 años o más en Europa, Asia y América, todos ocurridos en las pasadas 48 horas. Aunque no existen cifras oficiales al momento, estimaciones de diversos expertos hablan de millones de desaparecidos a escala global. Líderes del G8 se han reunido en Nueva York para abordar esta crisis, aunque aún no se dispone de los detalles de estas discusiones. Autoridades locales solicitan a la población contactar a sus vecinos y conocidos para reportar posibles decesos; sin embargo, todas las líneas de emergencia se encuentran saturadas por personas que intentan localizar a sus familiares. Distintos líderes religiosos han llamado a actos masivos de oración y repudio a las actividades del comúnmente llamado “Profeta,” quien sigue bajo arraigo domiciliario como principal sospechoso de haber participado en la planeación y ejecución de estos lamentables hechos. Activistas que apoyan al "Profeta" han realizado manifestaciones masivas de apoyo para exigir su liberación en Nueva York, Los Ángeles, Berlin, Chicago, Londres y en más de una veintena de países. En varias ciudades de Europa se ha declarado ley marcial para evitar los saqueos de las casas de ancianos fallecidos, pero la escala del desastre parece haber desbordado a las autoridades. Disturbios siguen afectando las calles de Londres, Tokyo, Bruselas, Oslo, Beijing y otras ciudades principalmente europeas… Seguiremos informando…

yagunzhe

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