Es un catrín.
Con sombrero blanco de ala corta,
un traje color crema que le queda ridículamente grande,
y gruesas cadenas dorados en su cuello.
Su sonrisa es confiada,
propia del embaucador que pretende ser;
sin embargo, su mirada tímida
y movimientos exagerados
evidencian su escencia de perdedor.
¿Cómo intimidarse ante alguien que al pasar deja una estela de olor a cacahuate y ropa vieja?
Es un catrín en nuestra ciudad,
nuestras calles,
nuestro tiempo.
yagunzhe
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