
¿Qué diferencia al tacto sutil de la carne tibia en una noche melancólica, del prejuicio de la cultura occidental, tan enfermo de belleza, tan falto de alegría llana?
No tengo alma ya. Mil veces me he rendido, y al fin he entendido que es un camino errado el que sigo. Éste, nuevo, no sé si será el final, pero, ¿qué más da? He perdido mis ojos, mis oidos, mi tacto, y mis labios ya no sienten más.
Quiero darle placer al que siempre se le ha negado. Quiero dar amor al que siempre lo ha anhelado. Quiero hablarle con mis caricias al sordo, y curar con mis poemas al enfermo. Mas sólo tengo mi carne y mis ideas para sanar.
Y aquí estoy, soñando.
yagunzhe
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