No me hace falta más que ver un rostro adusto, un corte de pelo libre o unas caderas escurridas para reconocer la inmensa belleza de un cuerpo masculino.Sus formas definidas, el suave vello de su barba, axilas o entrepierna son capaces de hacerme recordar los más intrincados misterios de la evolución, y sentir profunda humildad.
(¿Qué le corresponde a un simple ser humano mas que la contemplación pasiva de tal "milagro" -que al final es eso, mi poca capacidad mental no me permite creer que es otra cosa-?)
Así, al verlos jugar, caminar, errar y ser pedantes, o al ser simplemente esas miles de sombras con las que me todo día a día, me doy cunte de que cada uno de sus cuerpos es un delicioso reflejo de un tesoro perecedero...
Un tesoro que preferiría almacenar en mi memoria, por siempre, con sus olores y movimientos únicos...Y entonces me doy cuenta de lo viejo de mi espíritu, que se ha olvidado de desear y prefiere añorar. Que olvida el deseo y abraza la serenidad.
Y ya nada de eso me molesta. Sólo me sorprende y me hace reflexionar. No perdí ni gané, eso ya no importa.
yagunzhe
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