Afoot and light-hearted I take to the open road,
Healthy, free, the world before me,
The long brown path before me leading wherever I choose.
Henceforth I ask not good-fortune,
I myself am good-fortune,
Henceforth I whimper no more, postpone no more, need nothing,
Done with indoor complaints, libraries, querulous criticisms,
Strong and content I travel the open road.

WW

12.6.06

“Es la flor de mis heridas, que se abre cualquier día,
me despierta por las noches, sudando, y extrañándote…”
La flor de mis heridas, Bersuit


Uno tiene que ser un poco loco para dejarse llevar por ciertos impulsos. Bailar esa rica cumbia que oye a lo lejos mientras va pasando por la calle, darle un beso a su pareja cuando una bolita de adolescentes se lo pide, o ponerse a cantar en voz alta alguna rola que de repente le viene a la mente. “¿Y por qué no?”, debería ser la respuesta que nos diésemos ante cualquiera de estos pequeños arrebatos. Inestimablemente muy pocos los hacemos, aún muy de vez en cuando.

Ésta es la historia de uno de esos arrebatos. Uno de esos instantes en los que uno sólo se deja llevar y juega un poco “a ver qué pasa”. Y como soy el tipo más ordinario del mundo, también éste arrebato es el más ordinario del mundo: Su mano roza mi mano, nuestra mirada se cruza, bajamos la mirada fingiendo que no ha pasado nada. La mirada vuelve a cruzarse, una leve sonrisa, meliflua, hipócrita, cordial: “Hola, extraño, no me interesas, pero quizás quisiera observarte un poco más, pero tú no lo hagas, porque me apenas, no, no lo hagas, bueno, sí, un poco”. Un leve gesto a la derecha, “¿Vamos afuera?”, y luego un sincero:

— Hola, soy Victor, ¿qué tal?

Hay veces en que la vida es así de sencilla. Uno le da una oportunidad a la casualidad, y algo sale. Y esta vez algo salió. Es inevitable ser algo suspicaz ante esta clase de encuentros fortuitos, pero quizás si todos fuéramos del tipo “mejor confiar que pasar temiéndole a todo el mundo” otra sería la historia de nuestros días. Y ése día así lo fue:

— ¿Quieres una chela? — yo.
— ¡Vaya, qué directo! — él.
— ¡Ja, lo siento, quizás debí ser menos… “bruto”! — yo de nuevo.
— No, no, está bien, me gusta que seas así — él una vez más.
— No, en serio digo, no sé a qué estés acostumbrado pero…

Y mucha charla irrelevante. Al final decide seguirme a lo de la chela, y hay más charla irrelevante.

Me gustó. Inteligente, sin ser arrogante; comprensivo con mis vicios, y yo con los suyos (¡le aguanté que cantara en voz alta –canta bien– dos o tres rolas de Miguel Mateos!). Algo confianzudo, pero nada que antes no hubiera sufrido con Omar –sicólogos ambos tenían que ser–. En fin. La eterna danza de una rica charla, dos chelas, algunos cigarrillos –extrañísimo, me dio de fumar, algo que nadie había hecho antes–, pequeños comentarios con la pareja que estaba al otro lado de la mesa, y una salida rápida de mi parte:

— Oye, lo siento, en realidad estoy muy cansado.

Y era cierto, lo estaba. Ya le había pedido su teléfono, y él lo anotó en mi celular, por lo que me sentía tranquilo y esperanzado en volver a verlo. Salimos del lugar, fajamos un poco en un parque cercano, nos sentimos, nos besamos… En fin, nos quisimos un instante. Y al menos por mi parte estaba siendo sincero.

Regresamos al metro abrazados, y nos besamos todo el trayecto hasta su estación –me pidió que lo acompañara–. Quedamos de vernos al día siguiente, yo le hablaría a las 5 de la tarde, pero eso nunca pasó. No sé si quizá sólo deseaba divertirse un poco, o si tan sólo olvidó presionar “Guardar” en mi maldito celular, pero al buscar su número para enviarle un mensaje de buenas noches, no había ningún “Jonathan”. Ni hablar, hay veces en que la vida nos da sorpresas que no quisiéramos que acaben, pero no siempre obtenemos lo que deseamos. Para ti, Jonathan:

Somos culpables de este amor escandaloso,
Que el fuego mismo, de pasión alimentó,
Y en el remanso se la noche impostergable,
Nos avergüenza seguir sintiéndolo…

Poco a poco, fuimos volviéndonos locos,
Y es el vapor de nuestro amor, nos embriagó con su licor,
Y culpa al carnaval interminable,
Nos hizo confundir irresponsables…
Irresponsables, Babasónicos
yagunzhe

1 comentario:

M dijo...

Nada como el escándalo
que deja en la cotidianidad
un tufillo a vida