No voy a negar que te extraño. Mi refugio ante el recuerdo no es más que la capacidad que tengo para autodefender mi decisión, y verte a diario ahí, en mi cabeza, es un recuerdo de cuan débil puedo ser. Peor aún es verte todos los días, indiferente, y sabiendo que tú ni por asomo comprendes por lo que estoy pasando. ¿Qué necesidad tiene? Tus protecciones químicas son mucho más potentes que mi debil convicción.
No es la primera vez que me siento así, pero a pesar de todo aún no entiendo cómo superarlo. Supongo es cuestión de tiempo... ¿Pero cuánto?
Además, el conflicto se acentúa por saber que la profunda comodidad que representabas estaba tan cerca, la tuve, y la rechacé. A diario me convenzó de que eso no es lo que deseo, pero mi alma no quiere seguir con eso, prefiere paz.
La paz que tú me diste, la misma paz que me alejó de ti.
Diablos,
yagunzhe
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