Afoot and light-hearted I take to the open road,
Healthy, free, the world before me,
The long brown path before me leading wherever I choose.
Henceforth I ask not good-fortune,
I myself am good-fortune,
Henceforth I whimper no more, postpone no more, need nothing,
Done with indoor complaints, libraries, querulous criticisms,
Strong and content I travel the open road.

WW

26.11.05

El asunto es un poco más complicado de lo que creí. No es él, no. Sí, lo quise. Por segunda vez en mi vida me enamoré de alguien, pero no me di cuenta de que lo había hecho tan sólo por mi parte. La idea de que una relación depende de dos personas, por más obvia y estúpida que suene, no me llegó sino hasta que era demasiado tarde. Ya no hay mucho qué hacer, y quizás lo mejor sea que no lo haya hecho.

El asunto de interés es el porqué sucedió así, de esta manera.

Hasta ahora mi forma de interrelacionarme con otros había sido francamente utilitaria, dependiendo en su gran mayoría de encuentros fugaces con personas que me permitían comprender o analizar aspectos específicos de la conducta humana. Sin embargo, Nicolás y Óscar fueron algo diferente. Nicolás porque por primera vez alguien penetró realmente en mi sique (inestimablemente haciendo lo mismo que yo con otros, pasando de largo y sólo aprehendiendo aquello que consideraba útil), y Óscar porque, con él, me olvidé de todo lo demás. No busque razones, principios ni finales. Y fue fácil refugiarse en algo que sólo cobraba vida en mi interior. Por otra parte, nunca comprendí si él sentía algo más, y aunque lo decía, no lo sentí. Di por sentado que lo que yo sentía era la verdad (como la mayoría de los seres humanos), y decidí a partir de eso. Quizá fue un error, pero creo que todos cometen este tipo de equivocaciones.

Estas dos últimas relaciones me han mostrado caras opuestas de una moneda de la que aún no sé en cual cara quisiera estar: Obsesionarme con la vida y su trascendencia como Nicolás, o bien, entregarme a la vida sin preguntar más que lo indispensable como Óscar. Ninguno de los caminos me apetece, más por dudas que por verdadero convencimiento. Sin embargo, a cada paso que doy me hago más a la idea que Nicolás estaba loco (vivía sólo en su fantasía de un todo comprehensible y anacrónico, que al menos para mí sería inalcanzable), y que la vida común, sin preguntas, equivaldría a una gran derrota del espíritu: Un suicidio en vida que me volvería un zombie andante y sin escrúpulos. Ésta es la solución de Omarpla de la que tanto he deseado alejarme , y en gran medida la de Óscar (si bien de este último no estoy seguro, pues, como dije antes, nunca me entregué a repetir mis vicios con él).

Dudo, dudo mucho. El hueco está abierto (yo lo quise abrir), y ahora no sé cómo taponearlo. O al menos no de una forma que me satisfaga.

¿Porqué no puedo simplemente aceptar lo que venga y ya?

Hay mucho que pensar,

yagunzhe

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