En mi alma se gesta el destino de mi hueca existencia. No permite una sola intromisión, no tolera un sólo halo de luz ajeno a sus propias divagaciones. Me excluye de mi propia creación, ¿cuántas veces no he sufrido esto?
Los juegos eternos con mi sique se desgastan y limitan su control sobre mí. Quizá sea eso lo que sucede. Quizá haya comprendido en su interminable arrogancia que la necedad de sus actos, la podredumbre de mi historia, lo desgastan tanto a él como a mí. Quizá no. Quizá sólo esté preparando un nuevo embate contra lo que aún me resta de cordura, contra lo que aún me resta de humanidad.
Disfrutar de cualquier cuerpo, desear cualquier verga. Ir por los sinuosos caminos de una sexualidad desorbitada, incontrolable, buscando no sé qué de las almas ajenas, como alimentándose de las desdichas ajenas que oye tras dejarse coger por el primero que le soportara.
Aceptar cualquier ideología, defender cualquier opinión, justificar toda acción. Ser tolerante al exceso... hasta el punto en que toda diferencia es futil, falaz. Creer que todo es comprensible, tener una fe que cree tan grandioso al espíritu primigenio como a la más ínfima partícula de polvo...
¿Qué quería que hiciera con esta porquería en mi interior?
Todo sentido de mi existir se desvanecía en el horizonte de la desidia, del desgane..., qué importaba la vida si la sustancia primigenia era tan vil como el semen del tipo al que le robaba la cartera en la oscuridad de alguna calle húmeda y de sublimes ecos...
Toda moral, todo principio, todo fin..., todos perdidos en la inmensidad de su interminable retórica. No había lugar para dudas o descalabros ocasionales..., y sin embargo, cada día era miserable, una agonía eterna combinada con dicha artificial creada por sus huestes de cucarachas que alteraban mis nervios a cada momento.
Y así fue como emprendí La Búsqueda..., la única y desesperada respuesta que pude fraguar para poder responder a tanta sin razón y apatía hacia mí mismo... Estaba vendiendo lo poco que aún me quedaba de identidad y decencia, pero..., la supervivencia bien podría valerlo..., ¿de qué sirve ser algo o alguien en la inconsciencia de la muerte?
Lo único que deseo es encontrar una sola frase, un sólo deseo real, total y último para completar mi vida, algo que me dé una dirección, un lugar idílico al que todo mi ser esté encaminado. Una llama que prenda el mechero de mis ideales, esperanzas y sueños. La búsqueda ha sido ardua..., y aunque aún sigue..., ésta es la historia de mis andanzas, tres años de atonía y desesperación continuas que poco a poco han dado paso a mi derrota final. De hecho, ésta es la historia de mi vida, la vida que se extingue a cada instante ante la incapacidad de encontrar ése qué que me permita luchar contra mi sique. La batalla podrá perderse, pero al menos puedo dejar un testimonio de mi espíritu.
yagunzhe
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