a las
palabras, mis antiguas
aunque poco
leales compañeras,
sólo
pedirles quisiera
que expresar me permitieran
—sin
excesos, sin argucias—
la suave
calidez que tu mirada
—ese bálsamo
de miel apiñonada —
le transmite a
mi alma desdibujada.
¿Qué magia
es ésta de tus ojos,
que abre
uno a uno los cerrojos
del oscuro
desgano de mi engaño?
¿Que día
a día, encandilado,
me lleva a
soñar con el encanto
de tu ser, por mí anhelado?
Imploro
perdones mi arrebato,
y encuentres la templanza
para no
condenar por locura mi tortura...
que, al
saberte tan lejano,
sólo halla
en estos delirantes versos
un momento de sosiego.(Para C2H60 32, el hermoso chico de los ojos café.)
yagunzhe
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