
Es raro como uno conoce a la gente, accidentes improbables según nuestra pequeña capacidad para vislumbrar la complejidad universal, que, sin embargo, ahí, donde menos uno se lo espera, se hacen presentes, de manera tajante, tan real, que nos atemoriza y engaña.
Su existencia, ni agradable ni desagradable -en tanto es poco lo que puedo "comprender" de él-, no obstante, me desquicia. Me recuerda tantas realidades que antaño me angustiaban, y que hoy, en medio de todas esas redes que me abruman y obnubilan -al punto de haber olvidado tanto de lo que fui-, me hacen presente que, como ente universal y particular, estoy hecho de muchos presentes e infinidad de pasados. Me recuerdan mi insignificancia, y todas esas cosas que me han hecho lo que soy. Pero, ante todo, que me hacen tener bien claro que mis hechos hoy, más que nunca, se alejan de aquello que siempre he querido ser.
Más allá de ser parte de una esfera social, laboral, familiar o incluso humana -con todo lo que esto conlleva: lo que sé, lo que no sé, y lo que ni siquiera me puedo imaginar-, sor parte del pasado y del futuro, no puedo entender mi presente, mis deseos, mis comodidades, mis aspiraciones, sin entender que todas ellas son provenientes de muchas otras realidades que por siglos, milenios, han configurado todas esas cosas que hoy me hacen ser lo que soy. Soy hijo y heredero de fenómenos tan espectaculares como el bing bang o la evolución. Soy partícipe de circunstancias meta-humanas tan incomprensibles como el cambio climático o la radiación solar. Mi alma lleva tatuajes imborrables de luchas que mis antepasados hicieron... Tan "nimias" como la emigración a las grandes ciudades de los ascendientes de mis ascendientes, o la lucha de mis padres por hacerse de una vivienda digna. O tan majestuosas como las guerras de conquista españolas, el voto de las mujeres, las vacunas, o las revoluciones obreras. Soy depositario de tradiciones, interrogantes filosóficas desquiciantes, y conocimiento científico tan refinado que ni estudiando toda mi vida podría acabar de comprender en su totalidad. Vivo inmerso en el mercado, el cual es producto de comportamientos y ambiciones que quizás jamás ser humano alguno llegué a entender en su totalidad.
Eso soy. Todo el universo en movimiento para que yo, en este momento mismo, esté escribiendo estas dos o tres líneas, tal vez sin sentido, pero que, para mí, son mi esencia, y mi búsqueda sin fin. Yo, en movimiento para que el universo mismo sea como es, para que toda persona, aquí, allá o a cuyá, sea como es y puede ser. No es arrogancia, es lo que somos. Lo que yo soy, no es muy distinto de lo que tú eres, y lo que cualquier otra persona, en mil y un espacios distintos es. Ser. No existe el no ser. Sólo somos.
Por eso me entristece percatarme cuán rápidamente esta generación, y miles tantas más, año tras año olvidan las historias de sus viejos, de sus libros y de todas esas cosas que los hacen ser lo que son, pierden su pasado creyendo que el presente es su momento, lo único que deben saber, y el cual debe ser la solución para todas y cada una de sus historias. No se dan cuenta que eso no los reduce a nada más que a granos de arena en la playa, perdidos en el viento y sujetos a los vaivenes de las olas. Arena que los niños juegan y dejan escurrir entre sus dedos. Gránulos inconscientes de los manglares y las profundidades marinas que hay a su alrededor. Científicos que construyen su ciencia desde sí mismos, y su interior, haciéndose filósofos de la arenez.
No obstante, ¿qué puede la historia ofrecerles a las nuevas, inclementes generaciones? Perdidas en el mar de la especialización, incapaces de leer de manera crítica, o elaborar argumentos que trasciendan su inmediata realidad. Vemos pobreza, vemos desigualdad, vemos avance científico y técnico, vemos ricos, vemos sabios, y somos incapaces de comprender por qué esto es como es –dudo que alguien sepa, bien a bien, que son–, y la seducción de las soluciones ingeniosas puede ser demasiado atractiva. La problemática social se reduce a saltitos a lo Jane Fonda, o a dogmas político-religiosos, o a la inconsciencia informativa. Sin embargo, nada es lo que parece. Cada historia es compleja y producto de miles más. ¿Será que la ciencia social ha fallado? ¿Será que el humanismo ha muerto? Miles y miles se abocan al estudio del perfeccionamiento de la explotación, y tan pocos a los problemas de la humanidad en una perspectiva amplia y capaz de llenar nuestras almas de algo más que arrogancia modernista.
No obstante, esto, por mal o bien acabado que esté, se está escribiendo. Es un llamado de auxilio, sí, pero sigue vivo. No espero revoluciones, no me dejaré seducir por el consumismo alternativo o conformista. Sólo quiero un poco más de reflexión. Un poco de crítica ante lo que nuestros ojos creen que vemos sin preguntarnos si vemos la realidad o sólo una parte que queremos ver.
El alma se desasosiega y se pregunta.
Eso es lo que no se debe perder.
Este post va dedica'o al Erik.
yagunzhe
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