Es en la punta del iceberg en donde el hombre irreflexivo se asombra y, arrogantemente, desprecia la magnitud de la naturaleza (como respuesta a la
idea que se hace de su propia insignificancia). Es mal vicio, pero es parte
de nuestra naturaleza, ¿acaso el hombre prehistórico tenía mucho tiempo para
pensar en si la huella que tenía en frente era de hace un día, dos o un mes?
No lo sé, supongo que con la experiencia aprendió a discernir entre las que
representaban presas con mayor o menor seguridad (cercanía). No lo sé...
Pero ha sido esa última huella...
Última, pero presente, abrumadora, totalmente ella: e innegable.
Es una curiosidad, debo admitirlo, pero hay cosas que en el tiempo se siguen
repitiendo una y otra vez y uno se pregunta una y otra y otra vez cómo es
que en esta ciudad de 17 millones de habitantes, con 17 millones de
historias en este mismo momento, y no sé cuántas en todos los momentos en
los que ha existido este universo... Uno se topa con este gránulo de arena,
espejo de sí mismo... Y se siente tan bien...
Se siente el alma acompañada en este viaje universal por historias
paralelas, con significados y significantes, construidos o inventados, qué
sé yo, pero que existen, y están ahí, cerca de tu nariz, cerca de tu impulso
vital, que comparten el mismo aire contaminado, y las mismas rencillas y
viejas historias que, de otra forma, simplemente se borrarían con el paso
del inclemente tiempo.
Y lanzó mi alma a volar... Cuando te encuentro a ti, y encuentro a tantos
más...
Disculpa mi sorpresa, disculpa minimizar el milagro mismo de que tú y yo
hayamos coincidido... Por esta otra coincidencia...
Yo, Victor, grano de arena sin número, historia, condición, ubicación, ni
ninguna de esas cosas estúpidas... Te nombro: milagro.
Saludos,

yagunzhe
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