Homofobia: un testimonio personal
Sergio Téllez-Pon
La verdad es que nunca imaginé que me iba a tocar en vida propia padecer la discriminación y un ataque por mi preferencia sexual. Y aunque he sufrido muchos asaltos a lo largo de mis 25 años viviendo en esta ciudad, desde hace 9 que vivo una vida homosexual (los mismo que llevo participando en asociaciones de lucha contra el sida y por los derechos gays), nunca había sido discriminados ni golpeado de la manera como lo fui la noche del sábado 2 de septiembre pasado.
Ese día, dos amigos y yo fuimos a un antro ubicado en Paseo de la Reforma, pero como llegamos temprano aún no había un buen ambiente, así que decidimos salir a tomar algo a cualquier otro bar de la Zona Rosa y regresar más tarde, cuando ya hubiera más gente. Salimos, pues, y caminamos sobre Reforma hasta Río de la Plata, allí cruzamos los plantones sobre la avenida y entramos por la calle de Toledo. Bajamos una cuadra y dimos vuelta en Hamburgo a la izquierda. Cuando habíamos avanzado media cuadra, Víctor Espíndola, uno de mis amigos que nos acompañaba, vio un anuncio en el que, se decía, vendían terrenos en Tepoztlan, él dijo que se compraría uno y yo agregué, bromeando, que allá es carísimo ya que viven muchos extranjeros. Dimos unos cuantos pasos, cuando dos autos se pararon de pronto y de uno de ellos una persona alta, robusta, de piel y ojos claros, nos gritó: "A ver, pinches putos, ya valieron madres". Seis hombres salieron de inmediato, se avalanzaron sobre nosotros e inició la corrediza. A pocos metros uno de ellos me alcanzó, me empujó y con la velocidad que yo traía rodé hasta el pavimento; sin embargo, pronto pude levantarme y volví a correr.
Metros antes de llegar a la avenida Sevilla, otro de los sujetos me volvió a alcanzar, me tomó del cabello (debo decir que lo tengo un poco largo) y así, yo en posición de escuadra, volvió a lanzarme patadas al cuerpo. Cuando por fin pude desasirme de él, volví a correr para encontrarme con Víctor. Nuestro otro amigo había podido huir de nuestros agresores y ya nos estaba esperando en la esquina de Tokio con Sevilla junto con un sexoservidor de la zona quien nos preguntaba sobre la agresión. Fue él quien nos dijo que ese tipo de "operativos" se hacen los primeros día de cada mes, "de hecho—agregó—les tocaba venir ayer, pero no vinieron por el Informe". El asunto no quedó allí ya que, después supimos, por nuestras indagaciones y la información de otras personas, un involucrado en la agresión era un alto mando de la SSP de la ciudad de México.
Por eso es fundamental que, para terminar con esta homofobia rudimentaria, la educación sexual sea impartida desde la educación primaria (como se recomendó en Toronto, Canadá, durante la reciente Conferencia Mundial sobre VIH/SIDA), incluso para crear una aceptación, más que la simple "tolerancia", a otras manifestaciones sexuales. Pero cuando esto se quiere implementar en México, los grupos conservadores se lanzan contra el inocente libro de Biología para sexto de primaria y lo tildan de "pornográfico". Por otra parte, es inconcebible que ese mismo fin de semana, el presidente Fox dijera en Baja California Sur que por la excelente recaudación fiscal y los excedentes petroleros se le daría a ese estado 600 millones de pesos por los daños causados por el huracán John, y también ese mismo fin de semana se anunciara un recorte presupuestal al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) de 12 millones de pesos.
En la ciudad de México, además debemos pedir la regulación del sexoservicio masculino, así se podrá evitar más eficaz y eficientemente los asaltos e inseguridad toda en la zona, y por si fuera poco, se debe legislar por tipificar los crímenes de odio por homofobia, como se hizo en Estados Unidos desde los casos de Teena Brandon y Mathew Shepard.
Curiosamente ese mismo día en que a nosotros nos agredieron, pero en Monterrey, otros chavos gays habían sido golpeados por policías municipales. Sin embargo, en este caso, en entrevista con un diario local el jefe de la policía de la ciudad salió en defensa de los elementos de su corporación diciendo que "los homosexuales estaban enfermos". El siempre valiente escritor Joaquín Hurtado le dirigió una carta donde le hacía ver lo erróneo de sus declaraciones. Contra todo eso hay que seguir luchando, así que aún falta mucho por hacer.
Ver también: http://anodis.com/nota/7679.asp
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Y, ¿qué hace uno?
Organizarse, protestar, educar
En nuestro país, la lucha por los derechos de los homosexuales y otras minorías sigue siendo uno de los grandes rezagos pendientes. Mientras en unas partes del mundo la adopción de bebés por parte de parejas homosexuales es prácticamente una realidad, en muchas otras culturas -como la nuestra- el desconocimiento, la irracionalidad, los preceptos morales y religiosos, así como una infinidad de prejuicios dudosamente fundamentados, hacen de la práctica efectiva de la libertad un acontecimiento lejano, entorpecido por inercias históricas y sociales que no sólo atentan contra los derechos ciudadanos, sino contra el desarrollo económico, político y cultural de la sociedad en su conjunto.
Cada vez que una persona es limitada en su libertad de organizarse, de profesar un culto, de emprender un negocio, de amar, o de simplemente expresar su individualidad en un entorno de tolerancia y respeto, no sólo se denigra a esa persona, sino que nos exponemos a que cada uno de nosotros sea sojuzgado y rebajado. Todos somos diferentes, y así como a mí me puedes discriminar por besar a otro hombre, a ti te pueden discriminar por no tener un brazo, por no saber leer, por no ser delgado, por ser mujer, por vivir en un suburbio, por tener un cierto apellido, por tu tono de piel o tu vestimenta, o por cualquiera otra característica que nos haga distintos a "lo normal".
En una sociedad en la que la libertad de una persona está comprometida, la de ningún otro ciudadano está exenta de ser atacada. Y este ambiente de desconfianza, hacia la fuerza pública, o hacia cualquier "otro" que pueda atacarnos física o verbalmente, entorpece nuestra capacidad social de generar acuerdos y emprender proyectos en conjunto. En un entorno así, el trabajo duro es infructuoso (cualquiera, por su percepción de tu condición, puede asumir que tu trabajo no es valioso), la ley es inexistente (la misma ley no aplica para todos), y la convivencia social está plagada de violencia (física, verbal o de cualquier tipo). Al remarcar nuestras diferencias, borramos nuestras metas en común, y limitamos nuestra capacidad de apoyarnos entre nosotros para alcanzarlas. Esto limita nuestra capacidad de generar riqueza y cultura, de tener un marco legal apropiado e incluyente, e incluso de realizar nuestros objetivos personales como tener una pareja, desarrollar una profesión o rodearnos de amigos.
Comprendo que nuestra sociedad no está dividida a tal extremo, pero en esta época en la que al sensacionalismo de los medios le gusta exacerbar nuestras diferencias acríticamente, y en la que aún subsisten tantas maneras de pensar que privilegian los prejuicios y los maniqueísmos, la defensa de la libertad y el respeto a la individualidad tiene que ser un punto innegociable en la agenda social (política, económica y cultural).
Al enterarme de un hecho tan lamentable como éste, me indigna el saber que es la policía de un gobierno de izquierda la que cometió tales atropellos: si un gobierno de izquierda -liberal, moderno e impulsor férreo de la igualdad- no condena de manera drástica un ataque de esta naturaleza, entonces, ¿quién lo hará? La respuesta pasa por el punto de que estas prácticas no son producto de las ideologías políticas, sino que están enraizadas en toda la sociedad, en su machismo y sus complejos, y son alimentadas por conceptos religiosos anacrónicos y por extremistas ideológicos trasnochados (tanto de "derecha" como de "izquierda").
Y cuando hay un mal social tan generalizado, ¿qué podemos hacer para modificarlo?
Organizarnos, protestar y educar.
Es obvio que para que un cambio social se dé de manera exitosa, se requiere de un ambiente propicio para que los ciudadanos interesados (aquellos más afectados, o aquellos más comprometidos) se pongan de acuerdo para entender, en primer lugar, qué es lo que les molesta, cuál es la magnitud del problema, y por qué es necesario atacarlo. Una vez comprendido esto, el primer gran paso se logra al ponerse de acuerdo para establecer una agenda de corto y largo plazo para modificar los cimientos sociales, desde nuestra posición actual, y hasta lo que desearíamos tener.
El plan de acción forzosamente deberá incorporar elementos de sensibilización a la población general, a fin de introducir en la agenda política la discusión, y emprender proyectos de acción específicos. Esto es protestar. Protestar no es poner plantones, cerrar calles, y hacer mamada y media (eso sólo sirve para la tele, pero la tele es tan efímera como el tiempo en que la siguiente noticia más morbosa salga al aire).
Así, estamos ya en la transición hacia la modificación de la conducta social: la educación. La educación no es tan sólo meternos en los libros de texto gratuito, sino en aprender y promover de manera cotidiana nuestros ideales: en las charlas de café, en las muestras de arte, en el cine, en el radio, en la música. Todo se vale (respetando la legalidad y tolerando a los demás), sin buscar mártires, pero tampoco teniendo miedo de enseñar la cara. Los mártires son figuras idealizadas de fantasías nacionalistas del siglo XIX que buscaban crear la idea de Estado-Nación en las clases populares, pero ahora ya son sólo notas de 30 segundos en el noticiario de la noche. Mostrar la cara es uno de los pasos más importantes: atreverse a no ocultar tu forma de pensar y actuar en consecuencia en tu vida cotidiana.
Victor
2 comentarios:
Victor, siento mucho lo que te pasó. De verdad que al inicio de tu post me llené de coraje contra la homofobia, y contra toda la serie de descriminaciones que hay en nuestro país. Ni qué más decir al respecto, me imagino lo que habrás sentido tu. Realmente espero que ahora te encuentres recuperado del incidente.
Por otro lado lo que dices de la educación. Yo también creo que esa, es la única vía de acceso a una mejor condición de vida, más íntegra, menos hipócrita. Ojalá quienes manejen nuestro sistema educativo algún día, verdaderamente, se dieran cuenta de esto; ojalá algún día todos tomemos un papel interactivo de educadores-educandos, así como dices, estoy en la postura de hacer algo desde la propia trinchera, desde la charla de café, desde nuestra casa, con quien me rodea. Porque la educación no sólo está en la escuela está en cada uno de nosotros. Es una responsabilidad humana.
Bueno, pues un saludo
y en verdad gracias por compartir tu vida
Patricia.
Hmmm... No sé si leerás esto... Pero... A mí no me pasó nada, Sergio es un conocido, bueno, conocido de un amigo... seguro ni él me ubica, y yo antes de esto no lo ubicaba a él tampoco. Lo que me da coraje es que ellos, los que trabajan en las ONG's y deberían de armar un buen borlote por cosas así... No están dispuestos a ir más allá. Y eso me frustra.
Yo no tengo tanto convencimiento, porque creo que nuestra sociedad tiene carencias más importantes (es odioso decir que una carencia es más importante que otra, pero tú sabes que no todo puede solucionarse a la vez, y hay que establecer ciertas prioridades).
Pero hay algo que se mueve... Y canta, y anuncia a los presidentes legítimos...
Ja, ja, ja...
Saludos,
Victor
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